Veronika decide morir

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"…Y un día un tipo me propondrá matrimonio.
Será amable y mis padres estarán muy contentos.
En el primer año, haremos el amor todo el tiempo; en el segundo y en el tercero, cada vez menos.
Y cuando nos cansemos el uno del otro, saldré embarazada.
Tener hijos, mantener un empleo, y pagar la hipoteca mantendrá nuestra estabilidad por un tiempo. Y luego de unos 10 años tendrá una aventura, porque estaré muy ocupada y muy cansada. Y lo voy a descubrir. Trataré de matarlo, y a su amante y a mí misma.
Lo superaremos, y algunos años después, tendrá otra.
Esta vez voy a fingir que no lo sé, porque ¿Por qué armar un alboroto? No vale la pena esta vez.
Y viviré el resto de mis días, a veces deseando que mis hijos tengan la vida que nunca tuve. Otras veces, feliz en secreto, porque se están convirtiendo en mi repetición."


Paulo Coelho

La maldición de la perla rosa

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Pero por supuesto, dije.
Caminé apresurada, ya era bastante tarde y sabía que me esperaba una ola voraz de delincuencia cerca a mi departamento, al que suelo llamar así, aunque más parezca una ratonera.
Más largo era, el camino, mientras más lo exploraba, más temor me daba, y ya no era novedad, pues a pesar de recorrer esas calles diariamente, en la noche se me formaba un nudo y en mi mente una telaraña de temor.
Sin embargo, valió la pena, yo me repetía.
Estaba extasiada a más no poder, estaba pisando aire y tragando, sí tragando por montones, cientos de mariposas.
Mezclaba miedo, con paz, y una dulce sensación inundaba mi gélido cuerpo, que por un momento se sintió caliente, y quizás extraño.
Quédate, mi cama no está tan chica. Fueron las palabras más tentadoras que he oído, mas no soy punto fijo de las tentaciones, siempre suelo acogerme en mi lado cristiano, mi lado santo, ese que no le gusta pecar. Pero era su cuerpo encantando a mis ojos, y eran sus manos dibujando mi cintura, lo que hacía que yo, yo quisiera perder el control.
He llegado a mi sacrosanto hogar, que de sacrosanto a penas tiene, los recuerdos de las misas en memoria de mis familiares, pero hay algo que lo acredita merecedor de ser llamado así. Aquí está caliente, pero falta su presencia.
Me dejo abrazar por el mueble, mientras lleno mi mente de recuerdos, que, en vez de solucionar mi problema, disuelven mis soluciones.
Qué solo está por aquí, dije fuerte. Luego, como si hubiera alguien, dije hola, y para mi pesar no hubieron respuestas.
¿Y los viejos amigos? Unos quedaron en el viejo, y otros pasaron al nuevo, sin avisarme.
Un café, la solución más rápida, me puse en pie y hacia la cocina me dirigí; habían muchas cosas, muchos envoltorios de infusiones que terminaron siendo la droga mañanera antes del arduo trabajo que me esperaba en esas oficinas, que vamos, también odio.
¿Hola?, uff un aire helado soplo en mi rostro, y detecté el perfume que había quedado en mi cabello.
Hola, ¿qué pasa, necesitas algo? Siempre, la misma actitud, al grano. No es eso, dijo, quería asegurarme de que habías llegado sana y salva, no me perdonaría causarte algún daño, pues me mataría dañaría de igual forma. Precioso, audaz, su comentario, justo para el peor momento del día, mi peor momento, la noche.
Ah, pues llegué bien, mientras tenga mala cara no me sucederá algo, fingiendo maldad pura.
Se estiraron las palabras y la charla se hizo larga y amena, me sentía tranquila, en paz, y me dijo para sí misma, mientras exista uno de sus llamados, esta cueva no estará tan sola y habrá alguien que me responda el hola de las noches.
Debo cortar, es hora de dormir, mañana nos espera un largo día, dijo a mi imaginación no sonó muy animada su frase. Bien, respondí.
Aunque mis días a pesar de ser largos, eran aburridos, monótonos, me esperaba ese asiento que por más suave que fuese, me exprimía los músculos, y esa, esa oficina, que por más amplia, fresca e iluminada que parezca, es una cárcel, que consume mis días lentamente, separando mi alma de mi cuerpo, y convirtiéndome en esa maquina que suelen ser mis peores enemigos, los oficinistas.
Buenas noches, que descanses. - Tú también, nos vemos.
Mis nervios se erizaron y mi sangre ascendió rápidamente hacia mi cerebro, dejé de pensar y lancé la primera estupidez que se me vino a la lengua, estupidez que, muchas veces evito: ¿ah sí?
Arrepentida, y sobre todo avergonzada, quería que la tierra me tragara y por piedad, no me defecara, me tapaba la cara y cerraba mis ojos para, así quizás no me lograra ver (aún sin verme).
Por supuesto, iré pronto a visitarte, después de hablar tanto, me genera curiosidad conocer ese espacio tan tuyo, repuso.
Cuando quieras, dije, agregando, tengo mucho sueño, chau.
Sonó el tono de fin de llamada, me sentí aliviada.

Han pasado días y no ha venido, no he vuelto a verle y, creo que, me estoy volviendo un poco loca, no podría contar lo que fueron los días siguientes a ese, pues todos se han vuelto llamadas, quisiera poder ir hacia allá, pero hay algo que me retiene, quizás sea mi cobardía o la mucha costumbre de no esforzarme, pero esa perspicacia que tiene para entenderme, y salvarme, me hace necesitarle, me hace sentir la falta de su presencia, aún constante en mis momentos. Voy a guardarme en un cofre y me envolveré en seda blanca, haré un lazo y lo colocaré encima de mi pecho, cerraré el cofre con un candado, antes, enviándole una copia de las llaves, tendré acceso de apertura del mismo, por dentro del cofre, por si no llega a buscar, saldré, no para morir, sino para buscarle, porque hemos nacido para juntarnos y habremos de morir en unión, no voy a darme por vencida.
El cofre estará ahí, y junto a mí, aguardará una perla, que ha ido formándose a través del tiempo, cual almeja bajo el mar, y cuando llegué el momento tú abrirás este cofre y yo te daré esta perla, perla rosa que tiene englobada, mi alma, mi amor, y todo, lo que tú has cultivado.


Han pasado meses y no, no puedo dejarte. He recuperado la conciencia y aún, sigo amándote.




Picture by Anne J.

Una oportunidad

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<< Vivimos unos meses de gran intensidad. Yo estaba concentrada en mis pinturas y él en sus empresas, que comenzaban a florecer a gran velocidad, mientras nuestra relación cambiaba cada día y se fortalecía para seguir adelante. Un día, echados en el piso sobre unos cojines, leíamos cada uno su libro. Cristóbal se sentó de pronto, se sacó los anteojos, y me dijo sin dudar: "¿Y si nos casamos de una vez?". Lo devoré a besos y le decía que sí cada vez que me detenía para tomar aire, convencida de que él era lo mejor que me había pasado en la vida.
(...)
Escucho el ruido de los cerrojos y de pronto Cristóbal aparece delante de mí. No sabe nada, no entiende nada. Acaba de llegar de Chile. Mira a su alrededor. Entra a la habitación que había sido de mi madre. Es difícil adivinar qué esperaba encontrar, pero en todo caso no era el vacío que descubre en cuanto entra al cuarto. Se recobra del sobresalto, se conmueve por un momento, pero enseguida se enfurece por no haber estado acá, por no haberlo sabido. Le da un arranque de furia, no contra mí sino contra él mismo, y patea las puertas, tira las cosas con vehemencia, gesticula, jadea.
En su mente se da golpes en el pecho por haber estado ausente. Cuando recobra la compostura, me pide perdón. Yo lo miro perpleja. Decido irme y comienzo a bajar las escaleras a gran velocidad. Él me sigue, intenta cogerme por detrás pero una maraña de gente lo atrapa en la puerta del edificio, y, cuando logra atravesarla, me alcanza y me detiene debajo de la ventana a través de la cual yo lo miraba con ira días atrás. Me ruega. Todo me ha salido mal, me dice. Tenía que ir a Chile, tenía algo inconcluso que debía cerrar para siempre.
- Vete a la mierda -le digo.
Me coge entre sus brazos a la fuerza, me abraza y yo me dejo. Lloro. Noto que sus ojos se llenan de lágrimas. Él también llora. Nunca lo he visto llorar así. Debe de sentir una rabia devastadora.
- Te amo -empieza a decir, y se interrumpe esperando que yo diga algo.
No digo nada. Me suplica que lo perdone, que no puede creer que mi mamá no esté, que por favor, lo lleve al cementerio. Perdóname, por favor. Ahora nos toca vivir a nosotros. Danos esa oportunidad, me dice, esperando febrilmente que no sea demasiado tarde.
Siento la necesidad de mirar hacia arriba. Y la veo ahí, mirando por la misma ventana que yo, con los ojos llenos de lágrimas. Sigue lloviendo dentro, ella sigue ahí.
- No puedo - le digo, y subo a reunirme con mi madre. >>


Fragmento: Ella (Maldita sea); de: Julie de Trazegnies.
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No le puedo creer nada señor. Él ha venido, ha vuelto y a su lugar de residencia, ha regresado mi corazón.
De sus palabras, no escucho nada, y en sus escritos, todo está blanco, señor... Perdone, pero él ha vuelto y no, no me había llevado, pero tampoco me dejó.
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Entonces la vi despojado de todo, de todo lo espiritual que lleva consigo, tirado en el vacío del verde cesped, agotado, como si fuera un papel mal escrito que nadie más está dispuesto a leer. No supe qué hacer, mis manos no se movían, mi mente exigía movimiento, pero estaban quietas y mis piernas, temblaban cual gelatina recién cuajada, me sentía un estorbo, acorralada, en la nada, vacía, sin sentido... -Qué hago- exclamé, tan fuerte que retumbo en todo mi cuerpo, pero no lo dije con la voz, lo dije con el alma, mas no hallaba respuestas, y sólo caían mis lágrimas, esas que no deben caer, que en vez de ser gotas, deben ser piedras, para hacer temblar la tierra, y colocar todo en su lugar... Me sentía como un soldado, que veía a su compañero de toda la vida, herido y en vez de buscar ayuda, o dársela, sólo lloraba y se quejaba de lo injusta que era la guerra, y que no debía matarlo a él, a él no, pues era tan bueno, tan buen hombre, para morir así; era yo el soldado triste -el maricón-, y él era el herido, el valiente que corrió delante mío e impidió el paso de la bala imparable que a mi pecho apuntaba...
Tenía inmensas ganas de abrazarlo, pero a la vez prefería quedarme quieta, era de pronto algo que yo no esperaba, pero que a la vez suponía, fue una noticia tan impactante, tan simple pero compleja... Cuando oí esas palabras de su boca, reproducidas hermosamente con esa voz tan dulce, grave y tenebrosa a la vez, quedé estupefacta, fue como si en plena noche gélida cayeran las gotas de lluvia sobre mí, sin que yo esté provista de un paraguas, es que en noches así, en ciudades así, usualmente un calor intenso, augura el pasar de una tormenta, pero ésta noche era fría, y llovió, llovió mi alma en mil pedazos...
De repente, rompió el silencio, levantando los vellos de mi brazo, al compás de las ondas que emitía su voz, hasta llegar a mis tímpanos...
-Ven, acércate-
Cómo decirte que no, aún sabiendo que era imposible, cómo decirle que no a mi mente que, como nunca en las vidas de los humanos intranquilos, había sentido amor, se había enamorado, aun más que el corazón. Cómo callar mis sensaciones agitadas, y las voces de mis hormonas, pidiendo a gritos, un poco de el agua que emanas cuando suspiras...
-Déjalo ahí, no pued...- Ven -
Mi mayor deseo en es instante es que tu maldita boca cerraras, que callaras esa voz tuya, que tanto, tanto me hace, esto... Pero es en vano, tú seguías ahí y también yo, hecha una roca fría y resquebrajada...
- No llores - refunfuñé, aunque no te merecías, nada de eso, sólo merecías un abrazo...
- ¿Por qué, estás tan así, tan "no tú"? - No sé a qué te refieres...
Tomaste de mis hombros, como si fuese yo, un peluche de los que te enviaban tus padres, o quizás alguna admiradora enamorada, me agitaste fuertemente, la mayoría de veces hacia a ti, y dijiste fuerte, muy fuerte, y a la vez muy débil: "¡Di que me amas, tanto como yo a ti, dímelo!"; callé como si mi respuesta fuera un no...
- Te pido, por favor, que te vayas, justo ahora, retírate, y no vuelvas... - Me dejarás ir, ¿así nada más, no te importa acaso?- Puedes pensar lo que quieras, realmente no impediré fluir tus ideas, puedes creer en lo que desees, y justificar lo que creas conveniente, yo, no impediré tus palabras...
Hubo varios minutos de silencio, y un espejo apareció delante mío, todo había cambiado, ahora era fuerte, o aparentaba serlo, y aparentaba bien, y no, no había nada que pudiera hacerme caer, y lo hacía, igual sabía que podía pararme; él se iba, y no sé si podría volver, él se iba y no porque me dejó de amar, se iba simplemente, por cumplir un deber, por continuar con esa honra que por desgracia (e idiotez), le habían inculcado, todo por perseguir ese sueño, que, ¡Dios mío!, qué clase de sueño es ese, qué clase de sueño es el de ir a levantar el ego y dejar lo que más amas a la deriva... Dime Dios, qué clase de prioridad es el que éste hombre (que me fascina), tiene, qué es lo que tenían sus padres, qué es lo que pasa por su grande y dura cabeza...
-Abrázame- No sirve de nada, lo sabes bien, si te abrazo, no te quedarás, y si me dices palabras, será por lástima, si no te vas, iré yo por el camino oscuro - No actúes así que me... - Adiós.
Y mis pasos largos, se hacían inmensos, y mi respiración podía causar huracanes, y mis ojos embargados de tanta agua lograban ahogarme en la más infinita penuria, se iba y sólo mi fe (que ya varios años la tengo perdida), lo podría traer de vuelta, hacia mis brazos, estos brazos llenos de amor, estos brazos que no, NO quieren otro cuerpo que no sea el suyo...
He de esperarlo, pues no habrá más, pero durante estos meses, no voy pensarlo, no le permitiré a mi mente, dibujar su imagen bella. No.
Entonces lo que parecía una amenaza, quizás fuera un alivio...
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This time, This place
This huge, Mistakes
Too long, Too late
Who was I to make you wait
Just one chance
Just one breath
Just in case there's just one left
'Cause you know,
You know, you know

That I love you
I have loved you all along
And I miss you
Been far away for far too long
I keep dreaming you'll be with me
And you'll never go
Stop breathing if

I don't see you anymore


One my knees, I'll ask
Last chance for one last dance
'Cause with you, I'd withstand
All of hell to hold your hand
I'd give it all
I'd give for us
Give anything but I won't give up
'Cause you know,
You know, you know

So far away
Been far away for far too long
So far away
Been far away for far too long
But you know, you know, you know

I wanted
I wanted you to stay
'Cause I needed
I need to hear you say
That I love you
I have loved you all along
And I forgive you
For being away for far too long
So keep breathing
'Cause I'm not leaving you any more
Believe it
Hold on to me and never let me go
Keep breathing, 'cause I’m not leaving you any more
Believe it
Hold on to me and never let me go
Keep breathing
Hold on to me and never let me go
Keep breathing
Hold on to me and never let me go

Nickelback


I can't...
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Te necesito y te buscaría, si tan sólo existieras.
Si existieras la vida sería distinta, si me dieran una señal de que estás por algún lugar, tendría un motivo más para sonreír y así me reconocerías a lo lejos, hablaría más fuerte por si estás cerca y reconoces mi voz, y caminaría lento, por si estás atrás, para que logres alcanzarme.

Escribiría más, más, más, no pararía jamás, así se terminaran mis versos, yo escribiría, cualquier cosa, porque en cada letra estarías tú, tú oyendo mi llamado, calmando mi miedo, abrazando mi soledad rodeada de muchedumbre.
Si tan sólo existieras, aquí, hoy, en esta vida.
Pero no, o almenos eso parece.
¿Acaso mis lágrimas marcan tu camino? Avísame para no parar, porque ya estoy al borde de la cordura, al borde de la razón, no quiero regresar a ese estado, quiero seguir pensando que existe, eso que todos ya piensan se perdió, demuéstrame, un poco, sólo un poco, tu existencia. Porfavor.
¿Acaso gozas de estas escenas? Si es así, yo encantada, creo. Aún sabiendo que amar es de a dos.
Si la esperaza y la perseverancia se midieran... Me siento en negativo.
Pero, estoy bien, lo estaba cuando no sabía que podías existir, ahora lo estaré. Sabiendo que no existes.
 

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